Leyendas Mexicanas – La Boda de la Xdzunuúm

Leyenda maya2Esta es una leyenda de origen Maya y dice: Una mañana llena de sol, la colibrí, o xdzunuúm que es su nombre en lengua maya, estaba parada sobre la rama de una ceiba y lloraba al contemplar su pequeño nido a medio hacer. La xdzunuúm era tan pequeña que su llanto apenas se escuchaba; la única en oírlo fue la xkokolché, quien voló de rama en rama hasta encontrar a la triste pajarita. Al verla, le preguntó:

¿Qué te pasa, amiga xdzunuúm?

¡Ay! Mi pena es muy grande —sollozó más fuerte la xdzunuúm.

Cuéntamela, tal vez yo pueda ayudarte —dijo la xkokolché.

Bueno —accedió la xdzunuúm.

Fíjate que me quiero casar, pero mi novio y yo somos tan pobres que no tenemos nido ni podemos hacer la fiesta.

No llores más, ya se nos ocurrirá algo —aseguró la xkokolché.

Las dos aves pensaron un rato; desesperada, la xdzunuúm ya iba a llorar de nuevo, cuando la xkokolché tuvo una idea:

Mira, tú y yo solas no vamos a poder con la boda. Tenemos que llamar a otros animales para que nos ayuden.

Apenas acabó de hablar, la xkokolché entonó una canción en maya, en la que contaba que una pajarita se quería casar, pero no tenía recursos para hacerlo. Luego repitió la canción y como su voz era tan dulce, algunos animales, hasta el agua y los árboles se acercaron a escucharla.

Cuando ella los vio muy atentos a sus palabras, les pidió ayuda con su canto, mientras la xdzunuúm derramaba gruesos lagrimones. Así, entre las dos lograron que todos los presentes quisieran ayudar.

Por un momento, se quedaron callados, luego, se escucharon varias voces:

Que se haga la boda, yo daré el collar —dijo el ave xomxaníl, dispuesta aprestar el adorno amarillo que tenía en el pecho.

Que se haga la boda, yo daré el vestido —ofreció la araña y empezó a tejer una tela muy fina para vestir a la novia.

Que se haga la boda, yo daré los zapatos —aseguró el venado.

Que se haga la boda, yo daré el peine —prometió la iguana y se quitó algunas púas de las que cubren su lomo.

Que se haga la boda, yo daré el espejo —afirmó el cenote, pues su agua era tan cristalina que en ella podría contemplarse la novia.

Que se haga la boda, yo daré los dulces —se comprometió la abeja y se fue a traer la miel de su panal.

Con eso, ya estaba listo lo necesario para la boda. La xdzunuúm lloró de nuevo, pero ahora de alegría. Luego, voló a buscar al novio y le dijo que ya podían casarse. A los pocos días, se celebró una gran boda, y por supuesto, la xkokolché fue la madrina. En la fiesta hubo de todo, porque los invitados llevaron muchos regalos. Desde entonces, la xdzunuúm dejó de lamentar su pobreza, pues supo que contaba con grandes amigos en el mundo maya.

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